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miércoles, 25 de septiembre de 2013

Rincones




El día tiene un rincón de noche
acá  se acuesta todo lo que calla en mi lomo
                                                           de muerto
(Este sol es un espanto)

A nadie engaña este engaño
espero por unos ojos aéreos
              que no han visto volar nada nunca

lunes, 23 de septiembre de 2013

Cielo Semántico




Hay algo aéreo
en la rueda celeste del tiempo

El cielo es un cúmulo
       de espaldas asoleadas

Una nube entona lluvias de algodón
                         en las alas del viento

Desde arriba        los hombres
somos los pájaros de los pájaros

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Estancia

 
 
El silencio repta el torso roído
                           de la noche
Nada hila en esta jaula mía
Toco el hambre indómita
de una ventana
Nada escapa
Un pájaro cae sencillamente

domingo, 15 de septiembre de 2013

El artista

Estaba dicho, Ernesto no pintaría ni uno más de los astros que afloran el firmamento. La situación era cada vez más difícil; cada persona que ha girado indómitamente por este mundo ha optado, sea por melancólica necesidad, sea por  libre albedrío, por apropiarse  sin más de una de sus pequeñas obras de arte que con tanta dedicación y esfuerzo había él imaginado en su proceso creativo, para luego con aún más ímpetu empeñarse en materializar, y ante esto, naturalmente,  le crecía un disgusto rapante que acabó por manifestarse en una singular huelga creacionista.
Ernesto no era un creador de esos egoístas; al principio se deleitaba de ese instinto humano de absorber para sí el conocimiento universal, dejando de lado incluso las necesidades e instintos, sin duda idénticos, de sus congéneres. Era, solía pensarlo, como el drama plausible e inevitable que surge entre dos gatos hambrientos por un vivo y jugoso bocado en medio de ambos, que acababa por dejar un vencedor y dos tristes perdedores, uno en definitiva más afortunado que el otro. Sin embargo, luego de milenios de idas y vueltas, de ver al hombre cada generación más ensimismado, más alejado de su especie como un todo, menos interesado en la estrella per se y más en el arraigo consumista de "una estrella más", se le fue formando un volcánico furor contra la humanidad.
Este volcán, que era ahora su eterno ser, se había tornado un éter vengativo y presurizado, con la apocalíptica y poco valorada habilidad de crear las estrellas más hermosas y fatales  que cualquier ente en todo su universo hubiese podido siquiera imaginar. La pacífica huelga que ostentaba Ernesto desde hacía unos mil años habíase dilatado a tal extremo que había adquirido los más oscuros e intransitados tintes del odio y por tanto había dejado ya su calificativo para transmutarse en justamente lo contrario.
Como tuvo que hacerlo a finales del Cretácico, como suelen conocerlo los humanos, con esa otra especie reptante y egoísta, surgió en su mente inmortal la más perfecta de sus creaciones:
Un día cualquiera en la mísera vida de un hombre cualquiera, en el infertil cielo de la Tierra se vió asomar el rostro ardiente e inmaculado del más amado de sus hijos asteroides. El humano regresaba por fin al polvo.
Ernesto aplaudía frenéticamente.






sábado, 31 de agosto de 2013

Tiempos descendientes

Este no es un tiempo de hombres
                    ni un tiempo de mujeres


Este es un tiempo de pájaros 
de pájaros amplios       pájaros diminutos    

pájaros en matorrales que pían
y se sienten      se tocan      se dicen te quiero   
                                                 con las alas

(Yo soy un pájaro en la vida de mi vida)

Tiempo de esquivar las gotas
                                   con los labios
              ¿quién llueve?
Este 
         poema
                         se
                                    desploma
                                                  Aquí
                                 yacen
                 los hijos
del cielo.


Este es el tiempo de la lluvia
                                 de la caída

Ayer era tiempo de carne   de cabellos 
                                                   largos

Hoy todo lo que canta
                           moja sus plumas
                                            en descenso

jueves, 29 de agosto de 2013

I

Vengo de un tiempo de silencios
en este preciso momento
                               alguien calla conmigo
(conmigo en cualquier parte que no es aquí conmigo)
en el abismo febril
                           mecanizan mis sentidos
Allá afuera todos van
                                      nadie viene
Voces abanican  la noche
                                  de los pasos del hombre
de sus falanges oscuras y tibias profanidades

EN LAS HOJAS DORMITAN GRILLOS RESONANTES

Un segundo se hace de otro que yació                
                   en la cúpula del viento
Los ojos están donde otros ojos estuvieron
(un dios detrás de dios)
 Allá afuera hay piel bajo la piel del muerto.

Vengo de ese abismo de la palabra
del arremeter, del sucumbir,
                 del ladrar hacia los perros,
hacia las perras,
hacia los tigres ancestrales,
hacia las paredes inmensas
                                  que nunca dicen nada cierto.
(¡Qué poco sé de dónde vengo!)

Esto queda:
amarrarme a este  hueso
                 que nunca nadie escarba

Punzarme con la duda
                 con la lengua masoquista
de esas voces que no son más que una:
La misma voz que enciende las fogatas
                                    y no apaga los incendios

Encerrarme en la tragedia rutinaria
en el rumor etéreo de puertas cayéndose de feas
de autos, máquinas enfermas, que no van hacia ninguna parte
(yo vengo, no voy.
                         Ir es que alguien espere
                                                               que yo llegue)

La noche sacó a pasear a sus espectros
              el mundo se llena con nombres que conozco
Todos los nombres son una sola mentira.

Aquí nada es epidérmico
             (nadie toca este silencio conmigo)


miércoles, 28 de agosto de 2013

Pasajera

A la poesía le gusta
viajar en autobús
entre las bocas serenas
dormitando
en los zapatos colgantes
de la gente.
El poema
se hace en la ventana
Dios y hombre conversan
por su vidrio encarnizado.
Algún bebé llora:
el verso rueda
por sus labios.