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jueves, 29 de agosto de 2013

I

Vengo de un tiempo de silencios
en este preciso momento
                               alguien calla conmigo
(conmigo en cualquier parte que no es aquí conmigo)
en el abismo febril
                           mecanizan mis sentidos
Allá afuera todos van
                                      nadie viene
Voces abanican  la noche
                                  de los pasos del hombre
de sus falanges oscuras y tibias profanidades

EN LAS HOJAS DORMITAN GRILLOS RESONANTES

Un segundo se hace de otro que yació                
                   en la cúpula del viento
Los ojos están donde otros ojos estuvieron
(un dios detrás de dios)
 Allá afuera hay piel bajo la piel del muerto.

Vengo de ese abismo de la palabra
del arremeter, del sucumbir,
                 del ladrar hacia los perros,
hacia las perras,
hacia los tigres ancestrales,
hacia las paredes inmensas
                                  que nunca dicen nada cierto.
(¡Qué poco sé de dónde vengo!)

Esto queda:
amarrarme a este  hueso
                 que nunca nadie escarba

Punzarme con la duda
                 con la lengua masoquista
de esas voces que no son más que una:
La misma voz que enciende las fogatas
                                    y no apaga los incendios

Encerrarme en la tragedia rutinaria
en el rumor etéreo de puertas cayéndose de feas
de autos, máquinas enfermas, que no van hacia ninguna parte
(yo vengo, no voy.
                         Ir es que alguien espere
                                                               que yo llegue)

La noche sacó a pasear a sus espectros
              el mundo se llena con nombres que conozco
Todos los nombres son una sola mentira.

Aquí nada es epidérmico
             (nadie toca este silencio conmigo)


viernes, 23 de agosto de 2013

Cuatro lados



La misma vista desde otra ventana. 
Hoy traté de ver algo distinto en el retrato; un auto melancólico recién lavado, los perros restregando su falta de humanidad por el suelo, el humo piadoso del sol en la calle, el tío por supuesto sin bañar, un par de piernas que sólo cruzan el momento y a quién le importa lo demás.
Cuando uno se queda sin qué ver -de tanto ver lo mismo- todo le parece absurdo, hasta la propia existencia, hasta el viento que de la nada se consigue una voz para decirnos un yo qué sé.
Lo cierto del caso es que la ventana, egoísta como el mundo, muestra solamente lo que quiere.

lunes, 13 de agosto de 2012

De barcos y cosas sobremarinas

"La gran ola de Kanagawa"
Katsushika Hokusai
Todo lo que flota
son mis ganas de entender el mundo.
Nado, brazos golpeando paradigmas,
esperanzas que cuelgan de las bocas.
Y es tan pequeño el mundo para ser de alguien.
Cada pena que termina en un altar
me define como ser marino,
tan necesitado de agua.
Y es obligatorio cuestionarse
cómo se aspira paz
en un mundo de pescadores violentos
¿con qué lleno este caparazón
si todo lo que flota es agua salada?