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martes, 2 de agosto de 2011

La Verdad

Una palabra rodó de mi boca
bajó  quemando el silencio,
intenté atraparla, mis manos extendidas
fueron lentas ante el filo de su certeza.
Dio vueltas como burlándose de mi despojo
se partió en dos para apuñalar mis piernas,
su peso fue mucho para mis rodillas agotadas
que tuvieron que doblarse en su presencia.
La palabra ya estaba en mis pies
jugando a calzar mis dedos atormentados.
No se percató por su embriague de orgullo
que había abandonado su trono 
y que ahora, era yo quién la pisaba.




Cuento: Atrapado

Abrí mis ojos, pero la oscuridad de la noche no me dejaba distinguir el entorno que me rodeaba. El suelo estaba húmedo como si una fuerte lluvia hubiera azotado hace poco aquél lugar extraño en que me encontraba.
El sentido comenzó a regresarme tras mi desvanecimiento, empezaba a sentir el profundo frío que maltrataba mi cuerpo. Con mucha dificultad conseguí levantarme, sólo para presenciar gracias a la poca luz proveniente de la luna que se filtraba por entre los árboles, que me encontraba en una especie de bosque. A mi alrededor no había más que ramas, hojas y una gran cantidad de vegetación que se unía con aquella oscuridad y todo aquello se convertía en una tétrica escena que penetraba de un inmenso terror mis huesos haciéndolos temblar como si estuviera siendo sacudido por alguien más, sin embargo me encontraba solo.
Mi instinto me dictaba averiguar dónde me encontraba y por esto no había prestado atención a algo mucho más evidente. Mi pecho estaba cubierto de sangre tan roja y viva que parecía brillar bajo la luz de la luna. Mis pies reflejaban una intenso maltrato producto de un largo recorrido que luego pude comprobar por las marcas de mis huellas en el barro.
Habiendo recuperado ya, casi en su totalidad, mi aliento reuní todas mis fuerzas en recordar que había pasado y así averiguar de alguna forma en qué infernal lugar me encontraba.
Me costaba aún respirar, sentía un profundo dolor en la parte superior de mis espalda . Lentamente y con mucho temor llevé mis manos hacia ese lugar donde me parecía que habitaban intensas fogatas que ardían y quemaban mi piel, para dar cuenta de lo que ya sospechaba: tenía cuatro heridas, por lo que pude palpar tan largas como mi antebrazo de las cuales brotaba una sangre oscura que contrastaba violentamente con la de mi pecho.
Al principio no podía recordar más que una luz indescriptiblemente brillante, un destello cegador que cubría toda mi memoria, pero conforme pasaban los segundos y el viento empezaba a aumentar su soplido lo fui recordando:
Me encontraba en una excursión de carácter científico en la exuberante y desolada isla de Itra al norte de Baritei, en busca de nuevas especies vegetales que habitaban – según se decía - aquél famoso lugar. Una tarde, tras cuatro días de expedición y ningún resultado que valiera la pena mencionar, me consumí en el interior de una espesa selva, hipnotizado por los brillantes colores de las hojas de algunas plantas que me conseguía identificar, hasta que empezó a oscurecer. Un inmenso silencio se apoderó de aquél lugar, ni siquiera se percibía el ruido de los animales típico de una selva como esta, era como si todo ser viviente se hubiera alejado tan rápido como pudo y quedara sólo yo en medio de tanta extrañeza que se empezaba a convertir en una escena terrorífica.
Un rugido atroz como nunca había escuchado tal, resonó por todo el ambiente como si una bestia estuviera cerca, merodeando en busca de su alimento. Los árboles a la distancia comenzaron a mecerse, se escuchaban retumbos de patas golpeando con fuerza el suelo. La bestia se acercaba cada vez más, como olfateando mi sangre. Entonces me paralicé, no podía mover un sólo músculo de mi cuerpo. La sentía cerca, tan cerca pero no podía verla hasta que una ola de estupor recorrió mi espalda, recordé sentir como unas garras se incrustaban en ella desangrándola. Entonces un valor inexplicable me invadió y tomando mi cuchilla para muestras me di vuelta e incrusté el costado del animal en un par de ocasiones. No se podría explicar con palabras el aspecto de aquella monstruosidad; la criatura que medía mas de dos metros de altura, tan oscura como la noche, se mantenía con dos patas en una postura casi humana, pero no había nada de este en sus enormes extremidades superiores que terminaban en aquella filosas garras que habían dejado su horrendo nombre en mi espalda.
La criatura pareció debilitarse ante las estocadas que le propicié a tal punto que cayó al suelo. Esto  me dio ventaja para correr con todas mis fuerzas lo más rápido que pude. La selva parecía conspirar en mi contra, las ramas de los árboles y de cuánta rareza vegetal que permanecía en el lugar parecían querer interponerse en mi camino. Tratando de detenerme como si formaran parte de una malévola conspiración. El barro producto de la lluvia que empezó a caer largaba mis pasos hasta que por la oscuridad, tropecé con una gran raíz que parecía nacer del suelo solamente con ese propósito y caí.

Esto era lo que había sucedido y hasta donde llegaba mi recuerdo, sentí un cierto grado de tranquilidad ya que después de haberme recuperado del desvanecimiento, el lugar donde me encontraba, por más escalofriante y solitario que parecía, se mostraba silencioso y por lo tanto la bestia debió haberse alejado. Al menos eso fue pensé hasta que aquél desgarrador rugido se volvió a escuchar por toda la selva. Una vez más emprendí la carrera por mi vida, aún estaba debilitado por la anterior persecución y las heridas de mi espalda dolían cada vez más. Mientras corría la lluvia había vuelto empapando mi rostro, a lo lejos logré divisar las luces de lo que me pareció un pequeño pueblo mientras que los rugidos de la bestia parecían alejarse. Con muy pocas fuerzas conseguí llegar al pueblo; mojado, herido y sin aliento para continuar caí desmayado ante la puerta de una choza de madera un segundo antes de que pudiera tocarla en un intento desesperado por obtener ayuda.
Una vez más la luz brillante se apoderó de mi y desperté en un lugar nuevamente desconocido. Conforme mi vista se desempañó comencé a temer haber sido  alcanzado por el enorme animal. Tenía una duda creciente de si me encontraba muerto. Sin embargo poco después sentí como me mantenía sujeto a una cama. Un cuarto sin ventanas me acogía. Me encontraba en el mismo lugar que aún hoy, después de 20 años de mi fatal suceso estoy. No se  como llegue aquí o si alguien  irá a leer o aún mas importante, creer, esta historia que escribo. El blanco de las paredes y el silencio que reinan en este lugar me reconfortan. Estoy atrapado pero al menos la bestia no me encontrará aquí.
Hospital Psiquiátrico de Emberg
18 de Octubre de 1823.

domingo, 31 de julio de 2011

Historia del Ciclo

Voló la noche en las alas
de un pájaro sin nido.
Mientras marchaba por el horizonte
un árbol cantaba su historia,
en sus ojos brotaban hojas,
hojas tenues como el agua.
Del suelo nacían manos
que buscaban sus talones,
pero voló la noche en su pájaro negro,
y el árbol se hizo semilla.

viernes, 29 de julio de 2011

Medusa

Volverán
los brillantes ojos de la soledad
a devorar la carne y embriagar de frío.
Digo  volverán porque emprendieron
el mismo viaje que realizan las mariposas
antes de ser ellas mismas.
-¿Metamorfosis?.
-Eso.
Volverán con su mirada de hierro,
con su punzante cobardía que envenena
el vino y el alimento de la mente.
-Exageras.
-No, no hay más exuberancia en mis palabras
que en sus devastadores efectos,
volverán -eso lo aseguro-,
y la noche no tendrá más negro.
Ni nubes el cielo, ni nada.
-¿Romanticismo a estas alturas?
-A la mierda Bécquer y sus golondrinas.
Ya vendrán esos ojos,
ya vendrá la piedra
a apoderarse de las aves,
los corazones y cupidos.
Y entonces quedará sólo la estatua
de lo que solía ser un alma.

jueves, 28 de julio de 2011

La Ciudad

No conozco París, confieso que las noches
me son lo mismo en el mar y en la arena.
A veces me imagino volando sobre las calles 
gritándole al péndulo de la realidad
que me quedé sin aire, pero sigo vivo.
Cuando se apaga la luz de mis ojos
no temo que no vuelva a soplar el día.
Temo que entre un verbo y unas cuantas oraciones 
no llegue nunca a conocer  París.

miércoles, 27 de julio de 2011

Cuento: Bajo la Lluvia


Bajo la Lluvia

Es más fácil obtener lo que se desea
con una sonrisa que con la punta
de la espada.”

William Shakespeare.
 

Empezaba a llover. Era una noche de luna llena que iluminaba por completo la calle. El viento se encargaba de portar de niebla y frío a la familiar escena.
Como si se tratara de una persecución se escuchaban pasos  rápidos y  ligeros  de una persona que corría desesperadamente bajo la lluvia. Miraba hacia todos los edificios que se encontraban a la orilla de la calle, tratando de identificarlo. Todos los establecimientos estaban cerrados, parecía que se acercaba una tormenta y ya era bastante tarde.
Por fin lo divisó, entre una vieja panadería y una maltratada casa de adobe se encontraba lo que estaba buscando: un antiguo edificio de dos pisos con una gran puerta de un café muy oscuro. Se detuvo ante ella mientras las lágrimas invadían  su rostro. Se trataba de una hermosa joven de pelo negro y largo,  que indudablemente se encontraba en una gran tristeza. La muchacha tocó la puerta, y espero por una respuesta. Sin embargo aquél  edificio no ofreció ninguna. Su corazón se aceleraba, en su mente comenzaron a brotar los miles de recuerdos que no hacían mas que atravesar su ánimo como una espada. Recordó una vez más escuchar su voz. Se concentró en este su último recuerdo mientras tocaba la puerta por última vez.
La tormenta había llegado, en su rostro ya no se podían distinguir las lágrimas y las cataratas de agua del cielo que la atravesaban, con la cabeza baja y un hueco en su alma caminó unos cuantos pasos. Llegó hasta donde sus pies lo permitieron, ya no tenía fuerzas para continuar y cayó.
 ….
Desperté sudando frío. Todo aquello había sido un sueño, la mujer, los edificios, aquella calle tan familiar. Casi involuntariamente me asomé por entre las cortinas de mi  ventana. Era de noche, llovía. Aunque mi apartamento estaba justo enfrente de la calle, no había ningún ruido, probablemente por  la hora. Sin embargo algo me había  despertado. La lluvia golpeaba con fuerza el asfalto,  el viento arrasaba contra el techo de la casa del al lado. Una verdadera tormenta.
Miré hacia los lados de la cuadra, justo en la esquina estaba una joven sentada debajo de una lámpara, con las manos en su rostro húmedo y pálido. Me asusté; aquella mujer con su delicado cabello marchito por el frío de la lluvia, que se iluminaba de forma  intermitente por el brillo de los relámpagos de aquella tormenta, era la misma que había visto en mi sueño.
Sentía una enorme curiosidad, solamente comparada con la sensación de miedo que me producía esa escena. No podía creerlo. Me levanté de mi cama, atravesé rápidamente mi cuarto hasta llegar al baño. Lavé mi cara con el pensamiento de que mi mente sólo estaba completando el sueño que acababa de tener, imaginando cosas. Volví a asomarme por la ventana y… ¡Ahí estaba, era real!
Entonces lo comprendí todo, baje las escaleras, corrí desesperadamente hacia la puerta de mi apartamento. Una vez  afuera, la tormenta desapareció para mí. Lo único que mis sentidos percibían en ese momento era la joven  sentada, que al verme dirigirme hacia ella se puso de pie.
Aquellos 100 metros se me hicieron eternos, el tiempo parecía detenerse con cada paso que daba. Por fin la tuve  de frente, al verme sus grandes ojos  dejaron entonces de emanar lágrimas. Me miraba fijamente, me tomó de la mano mientras una gran sonrisa aparecía en su rostro.
-Te estaba esperando-dijo-. Pensé que nunca despertarías.

lunes, 25 de julio de 2011

Cena...

En la mesa hay copas que respiran.
Velas cubiertas de polvo,
hambrientas de fuego,
de letras aladas.
Hay manecillas de reloj que golpean
la puerta de carne y hueso
en un latido recurrente.
Y un cuerpo que absorbe la sangre
que brota del fondo del olvido.