¡Sígueme!

miércoles, 9 de octubre de 2013

Este árbol

Este mundo es un solo
                                árbol
                                       que se quema
         en otro mundo
Uno podría nacer de la rama más profunda
como un hombre – fruto
hacerse un ala simple con las hojas
                       del tiempo
esperar
           por el ave definitiva
que rompa
             el infinito
                             de la tarde
y nos haga llover
allá donde mojan los silencios

jueves, 3 de octubre de 2013

Cygnus





En el centro del mundo un pájaro canta para nadie
escucho su campana amarga
de tulipanes muertos

Cielo     cruz  redonda de cisnes infinitos
yo los convoco pájaros de la noche
pájaros de las flores más puntiagudas
pájaros de los ojos más fríos

Esta noche hago nido con las constelaciones
con las estrellas que siempre forman una mentira
(todas las mentiras terminan en el cielo)

Soy un ser que pía solo
soy ave en medio de cazadores sin puntería


miércoles, 25 de septiembre de 2013

Rincones




El día tiene un rincón de noche
acá  se acuesta todo lo que calla en mi lomo
                                                           de muerto
(Este sol es un espanto)

A nadie engaña este engaño
espero por unos ojos aéreos
              que no han visto volar nada nunca

lunes, 23 de septiembre de 2013

Cielo Semántico




Hay algo aéreo
en la rueda celeste del tiempo

El cielo es un cúmulo
       de espaldas asoleadas

Una nube entona lluvias de algodón
                         en las alas del viento

Desde arriba        los hombres
somos los pájaros de los pájaros

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Estancia

 
 
El silencio repta el torso roído
                           de la noche
Nada hila en esta jaula mía
Toco el hambre indómita
de una ventana
Nada escapa
Un pájaro cae sencillamente

domingo, 15 de septiembre de 2013

El artista

Estaba dicho, Ernesto no pintaría ni uno más de los astros que afloran el firmamento. La situación era cada vez más difícil; cada persona que ha girado indómitamente por este mundo ha optado, sea por melancólica necesidad, sea por  libre albedrío, por apropiarse  sin más de una de sus pequeñas obras de arte que con tanta dedicación y esfuerzo había él imaginado en su proceso creativo, para luego con aún más ímpetu empeñarse en materializar, y ante esto, naturalmente,  le crecía un disgusto rapante que acabó por manifestarse en una singular huelga creacionista.
Ernesto no era un creador de esos egoístas; al principio se deleitaba de ese instinto humano de absorber para sí el conocimiento universal, dejando de lado incluso las necesidades e instintos, sin duda idénticos, de sus congéneres. Era, solía pensarlo, como el drama plausible e inevitable que surge entre dos gatos hambrientos por un vivo y jugoso bocado en medio de ambos, que acababa por dejar un vencedor y dos tristes perdedores, uno en definitiva más afortunado que el otro. Sin embargo, luego de milenios de idas y vueltas, de ver al hombre cada generación más ensimismado, más alejado de su especie como un todo, menos interesado en la estrella per se y más en el arraigo consumista de "una estrella más", se le fue formando un volcánico furor contra la humanidad.
Este volcán, que era ahora su eterno ser, se había tornado un éter vengativo y presurizado, con la apocalíptica y poco valorada habilidad de crear las estrellas más hermosas y fatales  que cualquier ente en todo su universo hubiese podido siquiera imaginar. La pacífica huelga que ostentaba Ernesto desde hacía unos mil años habíase dilatado a tal extremo que había adquirido los más oscuros e intransitados tintes del odio y por tanto había dejado ya su calificativo para transmutarse en justamente lo contrario.
Como tuvo que hacerlo a finales del Cretácico, como suelen conocerlo los humanos, con esa otra especie reptante y egoísta, surgió en su mente inmortal la más perfecta de sus creaciones:
Un día cualquiera en la mísera vida de un hombre cualquiera, en el infertil cielo de la Tierra se vió asomar el rostro ardiente e inmaculado del más amado de sus hijos asteroides. El humano regresaba por fin al polvo.
Ernesto aplaudía frenéticamente.






sábado, 31 de agosto de 2013

Tiempos descendientes

Este no es un tiempo de hombres
                    ni un tiempo de mujeres


Este es un tiempo de pájaros 
de pájaros amplios       pájaros diminutos    

pájaros en matorrales que pían
y se sienten      se tocan      se dicen te quiero   
                                                 con las alas

(Yo soy un pájaro en la vida de mi vida)

Tiempo de esquivar las gotas
                                   con los labios
              ¿quién llueve?
Este 
         poema
                         se
                                    desploma
                                                  Aquí
                                 yacen
                 los hijos
del cielo.


Este es el tiempo de la lluvia
                                 de la caída

Ayer era tiempo de carne   de cabellos 
                                                   largos

Hoy todo lo que canta
                           moja sus plumas
                                            en descenso