¡Sígueme!

martes, 7 de mayo de 2013

Irrelevante

Poco importa esta noche andrógina
de muertos suspirando por mis poros
no sé
me divierto llorando sencillamente.
Ahora, este instante resbaloso
tiene miedo
tiene la enorme voz de grillos conspirando


Sigo la frecuencia fébril de los perros callejeros
el maullido asqueroso que revienta la noche
el manto férreo
de unos ojos subterráneos
la sirena de un tren de pavimento
su sirena de sueños intranquilos
de teléfonos que gimen
amargamente


Poco me importa este goteo infinito
el reloj-goliat que masacra silencios
(¡Estos segundos
                         no
                               se
                                   callan!)
no sé

lunes, 15 de abril de 2013

Insomnio


Es una verdad de tragedia:
la noche comienza con alguien
muerto en alguna parte.

Decir miedo, acariciarlo
apresar el silencio en el armario
como un monstruo terriblemente mío.

Decir vacío, tragármelo
abrazar la cama sola, sola
la oscuridad redonda de los años
el esqueleto propio tocando puertas
besando madres
¡por dios!

(Toco la madera de mi niñez rodante
del milagro aéreo de nacer callado
de unos ojos enormemente  llenos
totales hasta el alma de marrones soledades)

Los párpados de látigo me delatan
decir sueño, ver el reloj 
sacándome segundos de la bolsa
sentir las dos de la mañana
con lengua de dromedario y esfinges.

(A dónde me llevan estas manos 
estas grietas dactilares como uñas)

Es madrugada de irónicas constelaciones
de gallos como rifles desalmandos
venganza
La noche acaba con su propia muerte

jueves, 14 de marzo de 2013

Personalidades múltiples

Sentirme
          sentirte
sentirnos
el suelo sólido arrastrándose 
en mis párpados aéreos 
 
    (Esta respiración no es mía,
     este rodar animaladamente
     estos zapatos de piedra volátil
     son del viento humanizado)

Vengo
          vienes
venimos
de una puerta abriéndose toda
de una par de muslos maternales
de una  ausencia de carne suicida.

     (Este cuerpo frío de larva
     esta daga latiéndome segundos
     este silencio sí es mío)



Amarillo

1. 
Se entierra la noche
en un sepulcro de dolores
celestes
de escombros noctámbulos
 que enviudan simultáneamente.
El gallo fulminante
otro pájaro-silencio
derribado por un grito.
Enorme la claridad 
ávida.
Las espaldas voltaicas despiertan
eléctricamente atolondradas.
Se abalanza el Sol depredador
 amo de las antorchas
que encienden el ocaso.  

jueves, 7 de febrero de 2013

De nuevo

De nuevo es hora de escribirte
siempre con la manía de que en alguna parte
andás vos en algún cuarto desolado
en cualquier mes que tenga una noche
sin un solo miedo que ponerte
sin los zapatos pesadamente tuyos
sin esa mirada de guerra fría.

Te nombro, te espanto la ausencia
ahí debés estar coleccionando anocheceres
inmune al grito constante del calendario.
Casi te veo los talones volátiles,
esos pies de puntillas desfilando sigilosamente
esos bolsillos llenos de mi falta.

De nuevo es hora de extrañarte
en la plácida ruptura de un sueño finísimo
de empañar los espejos celosamente
de aceptar el día y su voz imperdonable.

¿Cómo se que no te vestís como si nada?
Sin pensar en el polvo, el mismo polvo, 
que sigue entrando por debajo de la puerta

De nuevo es hora de dejarte
de hacer el ritual imaginario de los viernes
de concentrar todo trazo, todo predicado
en la simple aventura de encontrarme solo.







lunes, 4 de febrero de 2013

Primera Muerte

La muerte de Marat
Jacques-Louis David

Morir solo un poco
con  hambre en las vértebras
con todos los caminos enarbolados
hacia vos
y morir bastante
acurrucando una soledad de veinte años
un velo inevitable que se postra sobre todo
 y caer despacio en la razón
de estas cuatro paredes
en la celda de una oración sin sustantivo
de una sangre contagiosa derramándose
en alguna parte
y morir sin remedio alguno
sin tiempo de pensar en dioses cotidianos
sin piel que desentierre una caricia 

un antojo profundo de brazos abrazados
ese morir que simplemente mata.

lunes, 28 de enero de 2013

Dolencias

Me duele el hacha de silencio
que se me clava inmaculadamente.
Los adverbios que hieren, 
la marca de los dedos en el aire.
Vuelven a punzarme
los muslos embebidos de gente,
la carencia de un labio abriéndose.
Me duele el  frío espumoso,
las venas que se mecen solitarias,
la espalda eternamente mía.
(no nuestra, no tuya, 
                        sencillamente mía)